Hasta hace unos años había autónomos de un solo tipo: pringao. Todos tenían que pagar su cuota mensual, echar una cantidad de horas infernales en la empresa y cada tres meses hacer la declaración del IVA. Todo ello con sus consiguientes cabreos. Desde hace un tiempo hay dos tipos de autónomos: el de pringao de toda la vida y el emprendedor. Éste último es compatible con las ya conocidas heroínas mamás autónomas.
Se puede decir que el emprendedor es un autónomo molón. Él emprende porque está en su naturaleza ser su propio jefe (me da la risa floja cada vez que se dice eso), crear un ambiente de trabajo agradable, gestionar sus proyectos y su tiempo y todo ello haciendo cosas súper molonas que nadie antes había hecho antes.
Si no conocéis a ningún autónomo molón os estaréis preguntando si es que son personas que han creado algo nuevo. Ya os contesto yo: no, son gente que hace lo mismo que se hacía antes pero que se vende mejor. Y así empezamos con el decálogo del emprendedor molón.



