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miércoles, 9 de marzo de 2016

Lo que nadie ve cuando pone/renueva casa

Cambiar de casa, comprar una o reformar la que ya tienes incluye más cosas que la mudanza o la compra de muebles. Hay toda una serie de pequeños detalles en los que nadie se fija.

Bien porque se dan por hecho o porque no creemos que tengan tanta importancia.

El problema es que cuando ya tienes la casa puesta a tu gusto es cuando te das cuenta de los errores y querrías ponerla patas arriba para arreglarlo.

Pero ya no te quedan fuerzas ni dinero, probablemente.

miércoles, 24 de febrero de 2016

El mal de la impuntualidad

Con todos los dispositivos tecnológicos que llevamos encima, ¿cómo es posible que la gente siga llegando tarde a todo? 

Cuando en el medievo no había ni relojes ni despertadores la gente llegaba a la hora a todos los sitios y ahora, con toda la tecnología a nuestro alcance, hay gente que no es capaz de llegar a la hora marcada ni de broma.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Fórmula secreta para cumplir los propósitos de año nuevo

Acabé el año con un post recopilatorio y lo empiezo -por motivos que no vienen al caso 2016 para mi empieza el 1 de febrero- con uno de propósitos. No puedo ser más blogger cliché. 

Al menos éste no es un post al uso, por que no os voy a contar qué me he propuesto conseguir en los próximos 12 11 meses -tengo que pulir cosas de empezar el año el 1 de febrero. Por no aburriros y porque con los propósitos de año nuevo pasa como con los deseos que piensas al soplar las velas de la tarta de cumpleaños: si los dices en alto no se cumplen no os voy a poner aquí la lista. 

Y porque a estas alturas del año (del vuestro, no del mío) seguro que ya habéis tirado la toalla en el 80% de los propuestos, que nos conocemos. Así que os traigo la fórmula perfecta para conseguir hacer realidad tus propósitos (me ha salido la vena de yo siempre quise currar en la Cosmopolitan).

miércoles, 24 de junio de 2015

Cómo sobrevivir a(l bajón de) los 30

El título de este post le puede parecer ridículo a alguos (que hayan superado los 40 años), pero hay ciertos momentos en que se puede hacer cuesta arriba sobrevivir a la treintena, más concretamente a algunas de las cosas que le vienen parejas. Hace unos meses os hablé de que los 30 no son los 20 y hace unos días un amigo tuitero (@ConquerDG) me pidió un post sobre cómo sobrevivir a los 30, así que allá vamos.

viernes, 15 de mayo de 2015

El síndrome de los clics: obsesión por las pestañas abiertas

Hola me llamo Noelia y tengo un problema (a estas alturas sabéis más que uno): padezco el síndrome del clic.

Vamos que soy adicta a hacer clic, clic, clic en todo enlace que encuentro por internet y que me resulta medianamente interesante. Y diréis 'anda que eso no es problema' ¿Qué no? Pues tanto como el síndrome premenstrual, que también tengo, y a que seguro que con ese no os atrevéis a meteros.

Desde hace años practico el multiclic. Empecé coqueteando con tener el correo y Google abierto, luego más cuentas de correo, luego el Facebook, el Twitter... Para qué os digo más: a veces me dejo abierto Google Plus durante todo un día. ¿Escribo o interacciono en esa red social? No, pero ahí esá abierta por si pasa algo interesante.


jueves, 26 de marzo de 2015

De Pinterest, necesidades y fracasos

El post de esta semana ya estaba escrito. El otro día en un momento de rabia e indignación escribí un post un tanto largo, personal, sincero y con unos gifs super cuquis para la ocasión. Después de recapacitar durante cinco minutos y pedir a alguien que recapacitara por mi decidí que era mejor dejarlo en borradores aunque no prometo que no salga algún día a la luz...

Así que después de esa ansiedad volcada en forma de post lo que me he dedicado estos días es a hacer manualidades. Llevaba desde finales del año pasado desganada y con varias cosas pendientes por hacer y con las que nunca ponía. Bueno, pues en menos de dos tardes he hecho tres de ellas (una está a medias, que tiene que secar la pintura). Y como ahora lo que no quiero es recoger toda la casa (hay restos de la batalla en prácticamente todas las habitaciones, sí) he decidido escribir un post.



viernes, 13 de marzo de 2015

Nueva obsesión: "¿No me digáis que esta mujer es de mi edad?"

Según pasan los años a la gente le salen manías, obsesiones, que no siempre son fáciles de controlar y mucho menos entendibles por el resto de humanos que te rodean. Hoy vengo a confesar la mía. Bueno, una de las mías, la más reciente. Esa que probablemente cualquiera que me siga en Twitter lleva notando desde hace ya varias semanas.

"¿No me digáis que esta mujer es de mi edad?" "Decidme que aparenta mayor, que las de su año no tenemos esa cara" son algunos de mis tuits. Pues sí, me ha entrado la crisis de la edad. No es que me preocupe los años que tengo ni los que ya he pasado, sino el descubrir el aspecto que tienen algunas personas de mi misma edad y que podría tener yo misma aunque no lo vea en el espejo.
Yo tenía esa edad cuando se grabó el último QQCCMH, aviso a perspicaces.

viernes, 6 de marzo de 2015

Desmontando las películas románticas (y los libros de autoayuda)

Nunca he entendido el éxito de los libros de autoayuda. Y pongo caras raras cuando alguien me dice que tiene uno de estos en su mesita de noche porque es su libro de cabecera, que lo subraya o que tiene post-it marcando las enseñanzas más importantes. Adoro toda clase de libros, pero me parece peculiar que alguien pueda decidir qué hace o deja de hacer en función de lo que diga un libro de este tipo. Tengo similares dudas con varias religiones, también.

El diario de Bridget Jones habla mucho de libros de autoayuda. Ella y sus amigas recitan citas sacadas de 'Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus' y las asumen como verdades universales de la conducta humana, especialmente de la masculina, y conforme a ella actúan con los hombres. Al final de la primera película primer libro ella los tira a la basura tras darse cuenta de que no le han servido de nada para quedarse con Darcy.


jueves, 26 de febrero de 2015

Si pudieras elegir un súper poder, ¿cuál sería?

Si pudieras elegir un súper poder, ¿cuál sería? Siempre que me han hecho la pregunta lo he tenido claro: la teletransportación. No viene sólo por mi gusto por viajar sino por la pereza infinita que me produce hacer maletas, coger autobuses, trenes, aviones. Sube la maleta, baja la maleta, busca el billete, guarda el carnet. Ojo que no eres capaz de cerrar la maleta y estás en un aeropuerto inglés después de 2011 e igual no te dejan volver a casa. Ojalá...

Estar en tu trabajo y que al salir de él te metas en una cabina, marques un número y te encuentres en una ciudad a miles de kilómetros - sí, me gustaba mucho Superman de pequeña- tiene que ser una de las sensaciones más maravillosas del mundo. Para librarte de marrones, evadirte de problemas o para ver cosas y gente a la que tienes lejos.



sábado, 7 de febrero de 2015

El día de la marmota de las curvy girls

Las chicas con curvas llegan a la pasarela. Las mujeres reales se hacen oír. El michelín es bello. El triunfo de  las curvyblogers. ¿A que alguno de estos titulares os suena? Creo llevar leyéndolos algo así como seis o siete años. Puede que incluso antes ya existieran solo que yo no había tropezado con ellos. Es mas, estoy bastante segura de que así ha sido.

Se repiten cual si estuviéramos en el día de la marmota. Han conseguido que si de primeras te podían producir algún tipo de satisfacción a la sexta vez que lo lees en cinco años te generan un poco complejo del día de la marmota. ¿Cómo es posible que medios que llevan más de cinco años hablán sobre el fenómenos de las curvy girls puedan escribir hoy reportajes con prácticamente el mismo titular (y contenido)? Puede que incluso esté escrito por las mismas personas, no lo descarto.

Reportaje de hoy, 7 de febrero de 2015.

sábado, 24 de enero de 2015

¿Para qué sirve el Día del Periodista?


Hoy es San Francisco de Sales. ¿Que no estás familiarizado con el santoral español? no pasa nada. Yo tampoco. Pero resulta que hoy es la festividad el Día del Periodista. Cuando menos es cómico, que en las condiciones en que trabajamos tengamos un día. ¿Y eso para qué sirve?

Pues sinceramente: para nada. El día de la croqueta, que fue hace unos días, tiene bastante más importancia que el de los plumillas. Ves fotos en Twitter de croquetas y te da antojo y acabas cenando croquetas. Igual hasta te acercas a un bar, revitalizas la economía del barrio... Y ya se sabe que comiendo croquetas uno es feliz

¿Qué hacer con el día del periodista? Evidentemente no nos van a comer, como mucho reivindicar la profesión. Pero ni eso. Básicamente todo lo que he encontrado hoy en redes sociales está relacionado con Je suis Charlie y la liberación de periodistas secuestrados en cualquier lugar del mundo, temas muy serios que deberían reivindicarse todos los días.

Y es lo fácil y lo que todo ve y lo que todo el mundo lee porque es sangre. Porque claro reivindicar lo de aquí, la realidad de los miles y miles de periodistas que hay no es tan fácil, ni está tan bien visto, ni interesa tanto. ¿Cuántas noticias han visto, leído u oído sobre despidos y cierres en medios de comunicación en los últimos cinco años?

¿Cómo le explicas tú a la gente que hay ofertas de trabajo en que te piden redactar noticias al precio de un euro? o que hay periódicos que usan iPhones en vez de fotógrafos para ahorrarse sueldos. O que la última oferta de trabajo interesante de periodista en Asturias se publicó hace dos años y en una semana recibieron 800 solicitudes.

Pues casi que no se lo acaban de creer -salvo que esa gente sea familia de plumillas que entonces ya saben cómo está el asunto. Alguno te dirá que bueno, mal pagado, pero que estás haciendo lo que te gusta, que es una profesión vocacional.

Vocacional es que se te caiga el alma a los pies al descubrir que dos de las noticias con más interés de las que se publican hoy, con todo lujo de detalles, son que Pablo Iglesias ha roto con su novia y que la hija de un ex presidente de gobierno trabaja de becaria. Nada puede sorprenderte cuando en El Comercio lleva 10 días como noticia más leída que Cristina Pedroche se defiende de quienes la llaman gorda.

Y al final una descubre que en realidad para lo que sirve el Día del Periodista es para pillarse un cabreo generalizado con la profesión, los medios de comunicación y hasta la audiencia. Sí, la audiencia porque al fin y al cabo uno escribe y habla de lo que sabe que vende (a la foto de arriba elimina cualquier duda posible) o de lo que su empresa dice que interesa.

viernes, 2 de enero de 2015

Propósitos para 2015: leer 18 libros

No tenía pensado hacer lista de propósitos para este 2015, en buena parte porque la que hice hace un mes por mi cumpleaños me la he pasado a la torera, pero internet acaba de ponerme mi propósito en bandeja. Lo ha hecho de la mano de un mail de Goodreads, una red social sobre libros en la que compartir con tus amigos lo que lees, has leído y leerás y comentar qué te ha parecido.
Reconozco que me cree el perfil habrá más de un año y tras el típico día en que te da por rellenar los datos y apuntar alguno de mis libros favoritos no hice mucho más. En parte porque no me acaba de llamar el funcionamiento (me pasa con todas las redes sociales cuando las descubro y mira tú luego...) y en parte porque leo poco. Así que acabo de retomarlo (novedad de 2015).

De unos años hacia aquí cada vez leo menos por razones varias, aunque principalmente dos: leo en la cama y parece que últimamente es echarme en posición horizontal y quedarme sopa, con lo que ya llevamos un par de amagos de ahogamiento a manos de tochos. La segunda es que la ingesta de series ha crecido considerablemente dejando un poco de lado a los libros. Y sí, es un error, muy grande por el que me autoflagelaré cuando acabe este post. Ahí va mi reto:
Ciertamente no es para tanto, ni mucho menos 18 libros en un año. Es mas, puede que en 2014 los hubiera leído. Pero como dicen que a la hora de hacer propósitos hay que ser consecuente y realista, pues para qué vamos a decir 36 si me voy a quedar a la mitad.

Y entre los elegidos para formar parte del reto van a estar (luego cambiaré de idea, que me conozco): Araneida, de Cecilia Díaz, Yes please, de Amy Poehler y la tercera entrega de Bridget Jones, de Helen Fielding que los tengo desde hace un par de semanas decorándome la mesita de noche.


domingo, 28 de diciembre de 2014

El decálogo de los buenos propósitos seriéfilos

La blogosfera seriéfila está llena estos días de listas con las mejores series del año, las peores, los actores más cachas, las actrices más hot,... y debe ser por el hastío que no he leído ninguna. Así que tampoco es plan de plantear la mía propia. En buena parte, seamos sinceros, porque mi memoria de mierda no es capaz de recordar qué vio allá por febrero y le maravilló y si How i met your mother acabó esta primavera o la anterior.

Así que lo que me he planteado es hacer un decálogo de buenos propósitos seriéfilos que se puede aplicar para 2015, 2016, 2033 y 2050 (si es que seguimos aquí y viendo series). Y no es para que los sigáis vosotros -allá vosotros- sino para que me los aplique yo. Creo que la voy a imprimir y pegar junto a la tele, que seguro me queda muy mona.
1. No hacer caso a los gurús. Esta norma se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida. Los gurús -sobre todo los que se lo creen y no lo son- no son una ciencia exacta. Son tan imperfectos como tú. Que a ellos les parezca perfecta una serie no quiere decir que a ti te vaya a gustar. Se han dado casos en que supuestas joyas de la televisión a mi me aburren soberanamente. Ejemplo: True detective.

2. La gente que ve series (y escribe de ellas) en Madrid no es gurú ni más lista que los de provincias ni sabe más de series que ellos ni seguramente haya visto tantas. Se han dado casos (The wrong mans, London irish, Happy valley, Outlander,... no sigo por no aburrir) en que fueron series 'descubiertas' (y publicitadas hasta el hastío en Twitter) por gente de fuera de la capital meses antes de que en Madrid alguien buscara ese torrent. Busca en tu timeline seriéfilos de provincias y te asombrarás con todo lo que les saben.


3. Las cadenas de televisión son empresas, no son tus amigas. No les importa las reviews semanales que haces sobre cualquiera de sus series. Les interesa la promoción que puedas hacerles, sobre todo si es buena. Y quienes trabajan para ellas suelen tener interés en promocionar lo que han comprado (algo totalmente lícito). Así que cuando veas que tu timeline se llena de referencias a Transparent que ya se emitió hace semanas, piensa que por algo será. 


4. No ceder ante el hype. Conste que esto ya lo vengo aplicando desde hace más de un año cuando todo el mundo se empeñó en que Orange is the new black era la octava maravilla y yo le cogí tal tirria que no pienso verla en mi vida. El hype no es bueno, porque lo que consigue es crear unas expectativas muy superiores y luego el desencanto también es mayor. Mucho mejor dejarte llevar por lo que te puedan aconsejar quienes conocen tus gustos.

5. Reconocer tus gustos y sentirte orgullosa de ellos. No permitir que te menosprecien por lo que te gusta, ni hacérselo a otros. Mi serie favorita es Borgen. El día que la descubrí lamenté no haberlo hecho antes y sentí envidia de ser capaz de escribir esas cosas (y de vivir en un país como ese, políticamente hablando). Pero eso no quita para que esta temporada la serie que me alegra las noches sea Jane the virgin. Me río, me evade y hace que tenga ganas de más. Es entretenimiento puro y es lo que necesito en determinados momentos.
6. Ver series españolas. Y danesas, checas, francesas o de Lituania. Una serie no es mala por ser española. Al igual que una serie no es buena por ser norteamericana. Incluso mis adorados british alguna vez la cagan. Si realmente sacáramos porcentajes de cuantas series españolas y norteamericanas son malas ellos nos ganarían. La diferencia es que tienen una producción mucho mayor que la nuestra. Ve series españoles (Alatriste y Víctor Ros serán mis próximas) y si no te gusta déjala. Al igual que haces con las estadounidenses.


7. Si te gusta Sorkin puedes decirlo. Estás en tu derecho. Y si te gusta J. J. también, pero mi caso es el primero. Reconoce que tu autor de cabecera tiene cosas buenas y también defectos pero que al final te quedas con lo bueno que hizo en The newsroom. Discútelo, arguméntalo,... Una discusión puede ser sana, pero no hace falta insultar ni faltar al prójimo por ello.

8. Ve series con subtítulos en inglés. Podrás ver los capítulos antes, porque están primero que los subtítulos en español, y de paso algo de vocabulario se te pega. Tener el Google translate en el móvil es una ayuda. Que te has perdido varias frases, pues excusa perfecta para volver a verlo cuando estén los subtítulos en español como hago yo con Miranda. Y plantéate empezar a verlas en francés, a ver si así recuperas algo.
9. Puedes dejar las series si no te gustan. A casi nadie le pagan por ver series así que perder el tiempo con algo que no te gusta es lo más parecido a una tortura para muchos seriéfilos. Si no te convence Breaking bad por qué te has visto sus cinco temporadas.

10. Que no te guste algo de una serie no te hace peor persona, más tonto o un hater. Los gurús no son perfectos y las series tampoco. Pueden tener fallos en la trama, un personaje que no te guste o un giro dramático que te dé ganas de quemar todos los DVDs que te has comprado. Verlo y decirlo no te convierte en un monstruo o un hater, simplemente en alguien con criterio y objetividad. Y sí, esto va por The good wife y Alicia Florrick.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los 30 son los nuevos 20. Esa gran mentira

En el momento en que cumples 30 años todo el mundo te viene con la manida frase de 'los 30 son los nuevos 20'. Y a cada año que sumes te dirán que son 21, 22, 23,... Como a alguien se le ocurra decirme el próximo lunes que cumplo 24 no respondo de mi reacción. No, los 30 no son los nuevos 20 por mucho que os empeñéis por mucho que lo diga Yo Donna o SModa. Son mucho peor.
A los 20 años cualquiera dormía a pata suelta, se iba de juerga y empalmaba con el trabajo del día siguiente y era capaz de comerse un cachopo entero sin que se le cambiara el gesto (incluso a veces forzando entraba café y postre). Desde hace cuatro años es imposible que yo haga cualquiera de esas cosas (y otras muchas que no entramos a detallar), y como yo, casi todos los de mi quinta.

El despertarte sin ningún motivo a las 8 de la mañana un domingo y levantarte a hacer cosas que tienes pendientes o -lo que es aún peor- adelantar previsiones es de lo más habitual cuando pasas de los 30. Incluso aunque el día anterior hayas salido te vas a despertar pronto y no harás nada productivo, pero sí que te arrastrarás hasta el sofá porque tienes resaca.

¿Cómo voy a tener resaca si sólo me he tomado tres cañas? Pues sí amigo, uno es capaz de tener resaca con tres cañas y sin siquiera haber tomado ninguna. Dolor de cabeza, malestar en la garganta, un trancazo de campeonato por haber cogido frío (ya no tienes 20 años para salir en manga corta de los bares) o ardor de estómago porque no, cenar cachopo ya no es tan buena idea como lo era hace 10 años son síntomas habituales de un treinteañero que ha trasnochado.

Ya si te has convertido en un adorador de la vida sana -algo que ocurre casi nunca antes de superar la treintena- no tendrás resaca porque no saldrás, pero igualmente te levantarás a las 8 de la mañana (o aún antes) para salir a correr y tuitearás sobre lo bien que te sientes después de haber gastado zapatilla durante 10 kilómetros y la vergüenza que has sentido al encontrarte a unos medio borrachos de vuelta a casa. ¡Tú eras uno de esos borrachos hace 10 años!

El dormir estaba sobrevalorado con 20 años y con 30 años desearías poder pasar el fin de semana durmiendo. Acostarte el viernes a las 8 de la tarde y amanecer el lunes para ir a trabajar. Diversas causas te lo impiden: tener hijos, que en la mayor parte de los casos también creen que dormir está sobrevalorado; tener preocupaciones que te roben el sueño o ser autónomo y currar fines de semana y festivos, totalmente compatible con el punto anterior, incluso con el primero, para lo que ya hay que tener mérito.

Uno con 20 años vivía con papá y mamá, o a lo sumo en un piso de alquiler compartido y financiado por papá y mamá porque estás estudiando. A los 30 puedes encontrarte que aún vives con papá y mamá o que eres de los afortunados que puede pagar un alquiler o hacer frente a una hipoteca. ¿Te acuerdas que cuando tenías 20 esto te sonaba a persona realizada, madura, segura de si misma y centrada en la vida tener un alquiler o una hipoteca? Bueno, pues cuando cumplas los 30 ya verás que no. Principalmente son personas que echan muchas cuentas y a las que se les cae el pelo.
Y de paso descubrirás que has alcanzado, incluso superado, la edad de tus personajes favoritos de cine o televisión y ¿qué has hecho con tu vida? ni una tercera parte de lo que hicieron ellos. Cuando acabó Friends Rachel tenía 33 años. Ahora mismo yo soy mayor que Rachel. ¡Soy mayor que todos los protagonistas de Friends!

Rachel a mi edad ya llevaba años trabajando en Ralph Lauren y le había ofrecido un contrato jugosísimo en París. ¿Cuándo tuve yo mi mejor momento laboral? Pues antes de cumplir los 30 cuando además no había problemas en decidir que este finde me iba a cualquier sitio sin siquiera mirar la cuenta del banco. Los 30 no son los 20, sobre todo si el cambio de década te ha coincidido con una crisis económica.

Con 20 años te sabías el nombre de todas las canciones que salían en la radio y ¡hasta te comprabas discos! A los 30 te puedes saber el nombre de los potitos de tu hijo, de las tiendas de decoración más baratas o el de diferentes técnicas para recuperar viejos antiguos. El último concierto al que fuiste fue al de alguno salido de Operación Triunfo.

A los 30 ya no socializas tanto fuera de casa, te vuelves más casero y te has vuelto un manitas que lo mismo arregla una tostadora que hace manualidades. Con 20 no eras capaz ni de abrir el bote de mermelada cuando era nuevo, pero ahora las necesidades son otras. Y prefieres pasar el domingo acurrucado en el sofá con una película o un libro a salir a tomar algo. Por el mero hecho de no tener que renunciar al pijama. Sí, a los 30 el pijama se convierte en tu ropa favorita.

Los 20 no tienen las preocupaciones de los 30, ni los achaques de los 30. A los 20 te tiñes 'por cambiar el look' y a los 30 querrías no hacerlo pero tienes que tapar las canas, que cada vez son más. El maquillaje tampoco es opcional y te haces especialista en antiojeras. Es lo bueno que tienen los pijamas, que no necesitan de maquillaje ni antiojeras.



domingo, 30 de noviembre de 2014

Hola, me llamo Noelia y canto (berreo) mientras conduzco

"Hola, me llamo Noelia y soy adicta (entre otras cosas que no vamos a entrar a comentar aquí) a cantar mientras conduzco. Mejor dicho: berreo mientras conduzco, lo doy todo, me invento la letra, muevo brazos, piernas, cabeza y hasta caderas al son de la música y no dudo en gesticular cual si estuviera en un vídeo de Aerosmith -esta referencia va por el vídeo que viene a continuación".


Esa sería mi presentación en un un club de anónimos de cantantes frustrados. Es así, a mi me encantaría cantar bien. Si dos cosas envidio de la gente habilidosa es cantar lo suficientemente no tan mal como para hacerlo en la iglesia y saber dibujar. Soy negada para muchas cosas, pero estas dos son las que peor llevo y la primera en especial porque me encanta. Y aunque cante mal no puedo evitar hacerlo.

Mi nivel de mal cante y vergüenza propia y ajena llega a tal punto que no recuerdo haber cantado en público desde después de los 15 años (de eso hace más de otros 15 años). Y con cantar en público me refiero a hacerlo en misa. Mi Confirmación fue memorable porque movía los labios al tiempo que contaba las flores que habían puesto las monjas decorando el altar. Desde entonces no he vuelto a cantar en una iglesia. Mucho menos en cualquier otro espacio que no sea mi casa -cuando no hay nadie- y mi coche -evidentemente, cuando no hay nadie.

Yo tenía madera para ser cantante desde pequeña, todo sea dicho. Las canciones de Hombres G y Marta Sánchez las cantaba y las escenificaba a la perfección siendo un retaco. Mis padres flipaban por la buena memoria que tenía para las letras y los pasos y lo mal que cantaba. Aún así me apuntaron a un coro infantil (no sé cómo fui capaz a hacerlo) y hubo un momento en que me definieron como tercera voz. Las terceras éramos tan súmamente malas que la directora -que sí que era mala-, en algunos conciertos nos pidió que moviéramos los labios. Duré poco y aprendí eso de mover los labios.

Perfeccioné la técnica de mover los labios sin emitir un sonido porque se hizo habitual hacerlo al ponerme música en el walkman, discman y más recientemente ipod en un espacio donde hubiera más gente. Es más, sigo haciéndolo porque no puedo evitar cuando suena una canción que me gusta. ¡Qué desgracia la mía!


Hay gente que canta en la ducha. Yo no, en la ducha tengo ideas brillantes que luego se me olvidan así que no consigo nada. Lo mío es cantar en casa -para desgracia de mis vecinos porque no soy consciente del daño que hago a sus oídos- pero sobre todo en el coche. Y tengo un repertorio que para sí quisieran muchos. En el panorama nacional destacan temas de Rocío Jurado, Malú, Rocío Dúrcal o Ana Torroja. En otros idiomas -que en mayor parte me invento- encontramos canciones de Whitney Houston, Barbara Streisand o Carla Bruni. Facilitas.

Cuando canto me abstraigo y me centro en conducir y berrear de lo lindo. Lo hago pensando en que mi coche es un espacio seguro, que nadie puede oírme, ni mucho menos, verme escenificar las canciones. Hasta que descubrí que no, que mi coche no está insonorizado ni tiene los cristales tintados. Fui consciente de ello por las malas. Cuando estando en un semáforo dándolo todo con Celine Dion en un espectacular giro de cabeza descubrí a un conductor sonriéndome. Al menos fue educado y no se rió de mi.

¿Desde entonces he dejado de cantar? Pues no. Lo que hago es no cantar cuando me paro en un semáforo y lo hago mientras conduzco. Porque estando en marcha mi coche se vuelve un espacio insonorizado y con cristales tintados.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Me declaro fan de las cosas bonitas

Me declaro fan de las cosas bonitas. No sé si esto es bueno o malo. Es algo que sé desde hace un par de años. Una libreta con un bonito diseño, un washi tape con mis colores favoritos o el estribillo de una canción que me gusta y hace tiempo que no escucho son motivos suficientes para sacarme una sonrisa. Lo son ahora, no hace unos cuantos años, pero sí desde hace como unos tres años.

No soy una flower power ni creo que por ser positiva las cosas vayan a irme contrario -es más, pienso todo lo contrario, que el golpe va a ser mayor. Pero por circunstancias de la vida, la crisis de los 30 o quizás el tener más tiempo libre hicieron que descubriera el valor que hay en pequeñas cosas. Y decidí que el rosa volvía a ser mi color favorito (para vestir no, que el rojo me sigue favoreciendo más a la cara).

No sabéis lo feliz que puedo ser con un bolígrafo de colorines comprado en los chinos o la sonrisa que se me pone en la cara cuando aparece el mensajero en la puerta de casa. A algunos los tengo asustados, me consta, otros ya lo saben y se ríen. ¿Espiritu consumista? Un poco, pero no demasiado, que si me traen la compra no me emociono.

De un tiempo a esta parte he introducido en mi vocabulario palabras como lovely o cute. Sí, los anglosajones tienen cosas mucho más bonitas que nosotros. Eso no se puede negar. A ese gusto por las cosas bonitas se unió más tarde la afición al scrap. ¡La cantidad de cosas lovelys y cutes que puede escribir en Instagram y Pinterest, las redes sociales de las cosas bonitas por excelencia.

Más tarde llegarían los Do It Yoruself. Yo, una persona conocida por mi nula capacidad para hacer cualquier tipo de manualidad descubrió que en realidad sí había cosas que podía hacer. Con mejor o peor tino, pero que a fuerza de ensayo-error puedo ser hasta capaz de carvar un sello del que no se sienta totalmente avergonzada.

¿Lo mejor de todo esto? Que además de cultivar la lengua de Shakespeare buscando en webs y perfiles sociales del otro lado del charco descubres que las cosas bonitas, sobre todo el hacerlas, conforman una terapia antiestrés que, a ti al menos, te funciona mucho mejor que la relajación, el yoga o correr.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Qué hacer un domingo sin ganas (de trabajar)

Hace unos años el domingo era para mi el día de la semana más aburrido. No había gran cosa que hacer y la desgana hacía mella en mi, sobre todo si toca trabajar sin un horario fijo. Últimamente no es así, salvo excepciones. O quizás porque he encontrado varias cosas que hacer con las que conseguir que las horas pasen. No digo que sea más o menos divertido, pero sí que va matando el tiempo.

-Internet. Uno se da cuenta de que se aburre un domingo cuando no encuentra nada en internet que le interese. Los periódicos no traen reportajes interesantes ni encuentras post amenos en tus blogs más cercanos y ni siquiera hay consuelo en las redes sociales. Ya te has cansado de ver una y otra vez fotos de la paella que se ha comido la mitad de la gente a la que sigues en Instagram. Pero aún hay un par de sitios a los que acudir.

-Youtube. Ese fondo de sabiduría en forma de videotutoriales resulta de lo más adictivo. Yo, personalmente, puedo pasarme horas mirando cómo se construyen cajas de scrap que nunca seré capaz de hacer o vídeos de los mejores momentos de Miranda. Si nada de esto funciona busca trailers de las películas por estrenar o de los pilotos de series americanas si estamos en temporada.

-Pinterest. Esa red social que tenemos casi tan abandonada como Google Plus pero que nos da muchas más alegrías. Fotos de decoración, de peinados, de ciudades por visitar,... hasta de comida. Pero no, no son las paellas que aparecen en Instagram. Puedo pasarme horas (comprobado reloj en mano) yendo de pin en pin.


-Deja el ordenador y acércate a la tele. Puedes dormir la siesta con una de las películas de sobremesa, buscar  otra, o incluso una serie, en la que hasta el momento ni habías pensado. Si ya has agotado todas las opciones las webseries son una buena idea. Una temporada de Entre pipas dura menos de una hora.

-Aprende a cocinar. Lo mejor es que apenas tendrás comida en la nevera, así que olvídate de hacer todos esos maravillosos platos que has visto en Canal Cocina y te parecen tan fáciles. Tendrás que improvisar y acabarás pidiendo pizza para cenar. Al tiempo.

-Ya que estamos siendo osados: hacer ejercicio. Reconozcámoslo. Te lo plantearás y puede que lo consegas durante cinco minuto. Después abandonarás a causa de la dejadez que te invade.

-Otro reto: coge un libro y ponte a leer. Si la desidia no se apodera de ti y eres capaz de acabar el primer capítulo, mi enhorabuena.

-Descubrir nuevos hobbies. Aquí hay mucho entre lo que elegir: coleccionar sellos (aunque en domingo a ver dónde encontráis), buscar euros de todos los países en la cartera y bolsillos, aprender caligrafía o a dibujar. Para estas dos últimas los tutoriales de Youtube os serán muy útiles.

-Recuperar el blog que tienes medio abandonado y como no se te ocurre nada, escribir sobre qué hacer para perder el tiempo el domingo.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Culpo a películas y series por mis altas expectativas como periodista

Vale que el periodismo es una bonita profesión, vale que está idealizado por el 98% de la población (es decir, todos aquellos que no conocéis a un periodista) y vale que puede dar mucho juego a la hora de crear argumentos de ficción, pero ¿es necesario crear tales expectativas en torno a una profesión?

Ya os contesto yo: no. Las películas y series de los últimos 20 años han creado unas expectativas alrededor de lo que significa ser periodista que no se parecen en lo más mínimo a la realidad. Me diréis que sí, que la profesión de médico, de abogado y de bombero está también exagerada. Y yo os diré que sí, pero que no tanto.

No es algo solo de la industria audiovisual, sino del mundo en general. En mi primer día de clase en la Complutense nos dijeron que no nos preocupáramos por no entrar en el aula, que en segundo el 40% de nosotros no se matricularía. Las expectativas son tan altas cuando entras que la decepción que te llevas es de las que hacen historia. Y eso sin tener contacto con el verdadero trabajo.

Por suerte a mi me pilló ya con la carrera casi acabada y teniendo conocimiento real de la profesión de periodista cuando caí en la cantidad de mentiras que nos habían vendido las series y películas en las que aparece un periodista. Corrijo: una periodista. No me digáis porqué, pero con nosotras se ceban. Cualquiera que haya visto un par de películas románticas cada año querría ser periodista. Es lógico.

Y sí el caso más evidente de altas expectativas es el de Sexo en Nueva York. Lo habré comentado cientos de veces: una mujer que escribe una columna semanal en un periódico de forma freelance (y ésta no se ha topado nunca ni con la Seguridad Social ni la Agencia Tributaria ya os lo digo yo) no puede tener ese tren de vida, ni siquiera soñarlo. Y no lo digo yo, hubo quien echó las cuentas y Carrie debería tres billones de dólares.

Ahondando en el tema económico. Días atrás vi Gone girl, en la que los dos protagonistas son periodistas. Bueno ella escribe test para revistas femeninas y él artículos para publicaciones masculinas y tienen un casoplón propio de La Moraleja, al que se mudaron desde su espectacular piso de Nueva York. ¿Por escribir test, por muchos que escribas, puedes permitirte eso? Ya os lo digo yo: no.

En La boda de mi mejor amigo Julia Roberts era una crítica gastronómica que llevaba una buena vida. Vale, lo de ella cuela, lo de su mejor amigo NO. Un hombre que se dedica a cubrir la liga universitaria de baseball, lo que traducido a España vendrían a ser los partidos de fútbol de 3ª división, esos cuyas crónicas en la mayor parte de los casos ni se cobran, se hacen por amor al periodismo, al equipo o porque no tienen otra cosa con la que entretenerse los domingos por la tarde.

Para eso es más realista Shopaholic, una chica que trabaja escribiendo artículos vanales y no le llega el dinero para todo lo que se compra. Vale que se compra demasiadas cosas y muy caras, pero esa es la realidad. El dinero no llega. 

Sigamos con estereotipos de periodistas en el cine. Cómo perder a un chico en diez días. Tú quieres demostrar esa creencia y le pides a tu jefa, rodeada de toda la redacción, que te dé cancha para conseguirlo. Que durante las próximas dos semanas te vas a dedicar a eso. Diez años atrás ocurrió algo parecido en Algo para recordar con Meg Ryan en el papel de Kate Hudson y con Rosie O'Donnell como jefa. Ya sabéis lo que pasó en las películas, yo os narro la conversación que sería real:

REDACTORA: me intriga este tema (no dices que es personal por completo por si cuela) y podría dar para un bonito reportaje. Necesito unos días a mi aire y dinero para llevarlo a cabo.
JEFA: vale, en tu tiempo libre puedes hacer lo que quieras, pero no esperes que la empresa te pague las copas. (Lo dice ocultando una risa maligna porque sabe que no tienes tiempo libre).
REDACTORA: pero necesito todo el día, no puedo trabajar en otra cosa. (En ese momento tus compañeras desaparecen para evitar que les salpique el tema)
JEFA: tú verás, pero hay una lista de chicas tan listas como tú haciendo cola por tu puesto.

Ojo que ésta última frase a casi todos nos la han dicho alguna vez y jamás la habréis oído en la televisión. Como tampoco es cierto lo que muestran en El diablo viste de Prada que pasándolas canutas y comportándote como la esclava de tu jefa vas a llegar a algo. No, no llegarás a nada porque en unos meses acaba tu contrato y ya habrá otra que te sustituya. El mundo es así de duro. No es exclusivo del periodismo. Pero en nuestro caso cada año salen muchos de las facultades de Ciencias de la Información.

Pero si no eres titulado no te preocupes, que también puedes ser periodista y salir en la tele. ¿Has oído hablar de Bridget Jones? De su formación académica sabemos poco, básicamente que no sabe hacer la O con un canuto y respondiendo a un anuncio del periódico se convierte en redactora de la versión inglesa de Las mañanas de La 1.

Pero que tú lo que quieres es salvar el mundo. No pasa nada, en The ring una periodista y madre soltera para más señas lo consigue. ¡Y en el camino liga!

¿Se os ocurren más películas o series de ejemplo? Porque que conste que están han salido de repente, sin siquiera pensarlo.

viernes, 31 de octubre de 2014

Mamá, que soy una influencer, pero no sé de qué

Te seguimos la pista desde hace tiempo. Conocemos bien tu estilo, tu trabajo en el blog y tu presencia en las redes sociales. Sabemos cómo tu esfuerzo detrás y delante de ellas te ha convertido en quien eres para la comunidad.

Es el primer párrafo de un mail que he recibido hoy. Imaginaros mi cara de sorpresa (quien me conoce sabe que iba acompañada de tremendas carcajadas) cuando leí semejantes halagos hacia mi persona. A continuación me ofrecían participar en "la primera comunidad que une a personas relevantes de alta reputación online con las marcas que siguen y se sienten identificadas".

No es que no los merezca es que, seamos objetivos, no soy una influencer, como decían un poco más adelante en el mismo mail. Éste blog tiene unos números que no es que sean discretos, es que son de andar por casa. Vamos si fuera privado podría tener el mismo número de visitas. Eso sin contar que hasta hace unas semanas estaba dejado de la mano de Dios.


Tampoco soy influencer en las redes sociales, a lo sumo en una tengo un porcentaje alto de diferencia entre follows y followers, pero dista mucho de poder considerarse como de alguien influyente. Además, influyente en qué. Eso es lo que más me intriga y por lo que estuve a punto de contestar el mail. Por cierto, que no contactan por el blog ni por las redes sociales, sino a través de un mail que no aparece en ningún lugar público.

El blog es un cajón desastre en el que tiene cabida un poco de todo y mis redes sociales son un auténtico desbarajuste. Casi podría decirse que en función del perfil parezco diferentes personas. No tengo un problema de múltiple personalidad, es que tengo un Twitter profesional (comunicación), otro personal (básicamente escribo -y mucho- sobre series); Instagram es para las manualidades y las cosas bonitas; en Facebook apenas publico y Google Plus... Pues os podéis imaginar lo que me acuerdo del perfil de Google Plus.

Así que como tenía la mañana tranquila entré a cotillear la plataforma de influencers. Me he registrado y no he podido hacer mucho más que introducir mis datos, porque no puede ver ni a otros influencers ni a las marcas que supuestamente quieren contactar conmigo. Ni siquiera pude seleccionar las áreas que me interesan, apenas me piden una biografía, similar a la que uso en las redes sociales, y una descripción de cómo son mis seguidores.

Mis dudas siguen siendo las mismas que al recibir el mail: ¿de qué soy influencer? En ningún momento se especifica, ni en la web ni en el correo electrónico. Apenas he encontrado una referencia poco concreta a bodas ("ponemos en valor tu trabajo para que solo aquellas marcas que te interesan puedan encontrarte, acorde a tu estilo y forma de ver la vida y vivir las bodas") y otra a moda (no la puedo copiar porque su web me da error).

Se habla de que tendré la posibilidad de probar productos, de asistir a eventos de marcas (no sé si se han fijado en que soy de Asturias y aquí eventos, lo que se dice eventos...) y de conseguir dinero (imagino que como consecuencia de esa colaboración con las marcas). 

Vamos me he sentido como una bloger influyente, de esas que invitan a presentaciones de tampones, de cremas de cacao, avellanas y azúcar, y a los desfiles de la Madrid Fashion Week. Y claro, como toda bloger influence he tenido que escribir un post para que mis (ocho) seguidores lo supieran.

sábado, 25 de octubre de 2014

Pen friend en España: Palabras viajeras y postales viajeras

Todo el que me conoce sabe que me fascina todo lo que tiene que ver con la escritura, en especial cuanto menos informático sea. Me encanta escribir a mano y escribo muchísimo, no sólo por trabajo sino por gusto. La agenda electrónica está para guardar números de teléfono porque yo las citas las apunto con boli en una de papel. Las listas de lo que tengo que hacer las pongo por escrito -y no sólo por mi mala memoria- para poder poner ticks cuando las he acabado.

Prefiero escribir notas a mandar whatsapp y me horroriza que la gente deje de escribir, también la que escribe tan feo (esto no es que yo sea una egocéntrica, es culpa de quien me dice que tengo una letra bonita y no es para tanto). Tengo más bolis y plumas (uno de mis vicios más antiguas y más personales, porque cada pluma es distinta) de los que pueda llegar a usar en toda mi vida -y repito que escribo mucho a mano por mi trabajo. Así que había que darles utilidad y qué mejor que hacerlo apuntándome a un club de pen friend. No es así, sino que evidentemente me encanta enviar y recibir cartas y postales (otra cosa que colecciono), algo que ya prácticamente no se hace en estos días.
Hace unos meses empecé a leer que se recuperaba el fenómeno del pen friend, algo que era habitual cuando yo era pequeña porque no existía ni el correo electrónico ni el whatsapp, ni siquiera el sms. Aplaudí con las orejas, pero luego vi que estaba casi todo centrado en Estados Unidos (cómo no) y no encontré nada en España. Semanas después descubrí en Instagram #PalabrasViajeras y como os podéis imaginar allá que me fui de cabeza.

Empezó el pasado agosto y si no me equivoco somos más de 50 las chicas participantes -hasta donde yo sé no, no hay chicos. Cada mes se nos asigna una persona a la que escribir y se nos informa de los cumpleaños que hay en ese mes por si se quiere felicitar a las cumpleañeras. Luego cada una decide si quiere seguir intercambiando correspondencia con las chicas que ya ha conocido o no.

Hay que tener en cuenta que la iniciativa surgió en el entorno de gente que hace scrap, así que esto se convierte en una fiesta de manualidades con postales y regalos hechos a mano y preciosos chuches (no de los de dulces, de los de scrap). Vamos que Correos está encantado con nosotras y debería plantearse hacernos una rebaja o algo...
Yo estoy encantada con #PalabrasViajeras y ni que decir tiene que cada vez que encuentro un sobre decorado en el buzón doy palmas. Tengo al cartero mosqueadísimo con tanto sobre de colorines... pero agrada ver como puedes escribirte con gente a la que apenas conoces y lo que tienes en común (el scrap, la obsesión por el material de oficina,...).

Esta era una de las iniciativa pen friend que conozco en España. Otra es Postales Viajeras, a la que me apunté hace unos días y es algo diferente. Es fácil adivinar que aquí no son cartas las que se mandan, sino postales. Mejor dicho preciosas postales, en su mayoría hechas a manos o por diseñadores.

No es una vez al mes como #PalabrasViajeras, sino que cada vez que pides participar se te asigna una persona para hacer el intercambio. Las fotos que he podido ver por Instagram son preciosas y tengo muchas ganas de ponerme a trabajar en la que será la primera postal viajera que envíe. La iniciativa no está limitada a España, sino que se pueden intercambiar postales con gente de otros países.

Y buscando un poco más en este tema (reconozco que siempre quise tener un pen friend que hablara inglés a ver si así lo escribía mejor porque entender entiendo, pero formar frases completas y con sentido es otra cosa) encontré Pen friend club, que permite enviar cartas y mails (mucho más rápido), así que voy a seguir investigando.

 

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