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sábado, 4 de octubre de 2014

Peligro: blogers de moda que se creen nutricionistas

Desde hace unos meses asistimos a un nuevo fenómeno del mundo blogeril de la moda. La cosa va más allá de comprarse ropa para hacer una sesión de fotos y descambiarla al día siguiente o de exigir a las marcas el envío de determinados productos. Ahora las hay que por arte de magia, o por el hecho de ser blogeras de moda, tienen el título de nutricionista. Y su desinterés y amor hacia sus seguidoras es tal que se dedican a dar consejos a diestro y siniestro, sin que en ocasiones se lo hayan pedido.

Hacer dieta es un asunto tan viejo como la moda. Quien más y quien menos alguna vez en su vida se ha puesto a dieta, con mayor o menor fortuna. Y es normal que las blogers también se cuiden. Ojo, que no estoy hablando sólo de curvy girls que se ponen a dieta, las que no son curvy también han conseguido el título este de nutricionista por la vía rápida.

Que decidan cuidarse y hacer vida sana es de lo más normal y están en todo su derecho de comentarlo en su propio blog o en las redes sociales. Faltaría más. El problema radica en cuando conviertan a internet en un púlpito desde el que impartir lecciones de nutrición. Esto tiene un peligro: que generalmente no sabes tanto de nutrición como te crees. A eso se suma algo que es fundamental, lo que a ti te funciona puede que a otra persona la haga daño.

Con 33 años he hecho más dietas de las que pueda imaginar, incluso pequé durante un par de semanas con la milagrosa Dunkan. El resto de las veces lo he hecho siempre asesorada por médicos nutricionistas, gente que ha estudiado y tiene años de experiencia en el apasionante mundo de las dietas. De eso y de mi propia curiosidad he aprendido muchas cosas, truquitos y sobre todo he aprendido a conocer mi cuerpo.

¿Esto me da derecho a decirle a otra persona cómo hacer una dieta? No. Es mas en el caso de que me pregunten algo relacionado con esto siempre digo 'a mi me funciona hacer tal cosa, pero no sé si a ti'. No todos somos iguales, nuestros metabolismos son diferentes y al margen del ejercicio, que no conozco a nadie a la que no le ayude a perder peso, los alimentos no tienen los mismos efectos en todas las personas. Sin ir más lejos la lechuga, ingrediente estrella de todas las dietas, a mi viene mal porque retengo líquidos.

¿Se me ocurriría decirle a alguien que quiere adelgazar que no coma lechuga? Pues no, ni loca. Y mis redes sociales están  estaban (esta semana he hecho limpieza) llenas de gente que le dice a otra qué debe comer para adelgazar cuando ellas mismas se han puesto a dieta hace una semana. Hay blogers de moda que escriben detalladísimos menús, a réplica de los que ellas comen, para orientar a sus seguidoras a ponerse a dieta. Otras escriben recetas healthy y otras hacen fotos a modo de ejemplo de lo que has de comer.

Por no entrar en detalle y mucho menos hacer escarnio público comentar que bajo el hastag #healthylive me he encontrado imágenes de un sandwich con dos tipos distintos de salsas comerciales, sin una gota de verdura y acompañado de un refresco azucarado. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que eso es sano y práctico para bajar de peso?

Hay quien sí, a la vista de la cantidad de comentarios que todos estos post y publicaciones generan, sin tener en cuenta que los consejos pueden no ser tan efectivos y, lo que es peor, las consecuencias que pueden tener sobre su salud.

Una cosa es comentar qué tipo de fulares van mejor que los vaqueros o decir que este invierno se vuelven a llevar los labiales rojos y otra meterse a nutricionista. Son cuestiones en las que una puede ser más o menos entendida, pero que no van a ocasionar daño a quien decida seguir sus consejos. A lo sumo no sale tan bien conjuntada a la calle o desperdicia 20 euros en una barra de labios.

viernes, 28 de junio de 2013

Obsesión por el rosa (y por las máquinas de escribir)

No lo digo yo, que ya lo sé, sino @mijaresergio Dice que estoy obsesionada con el rosa, y no lo dice pero sabe que también con los topitos (los lunares de toda la vida en versión cool). Y al chaval razón no le falta. Me pongo a hacer cambios al blog y qué color le meto: rosa. Le cambio el nombre y cómo lo llamo: la máquina de escribir rosa. Pasamos de coctelera rosa a máquina de escribir rosa. Sí, lo sé, el título es súper largo, pero y qué, me gusta. The pink typewriter hubiera sonado mucho mejor, lo sé, pero ya estaba pillado.


Cuando una está pelín cansada de pensar en keys, SEO, posicionamiento y hacer todo lo posible para que Google resalte tus contenidos y te ponga de los primeritos en las búsquedas parece que le da por hacer todo lo contrario. ¿Se explica de otro modo semejante longitud de nombre? ¿A que no?


Además, ¿este blog se va a dedicar a hablarnos de las maravillas de las máquinas de escribir rosas o acaso va a venderlas? Pues no. ¿Que va a haber gente que llegue aquí buscando máquinas de escribir vintage rosa (como yo misma hice)? Pues sí, así que bienvenidos sean, pero ya les digo que yo aún no encontré la máquina. 
 

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